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sábado, 3 de noviembre de 2012

Crisis, ¿qué crisis?




La misma semana en la que tratamos de digerir todas las “señales” 
que apuntan a un estado de emergencia económica y social en 
España (con el 25,02% de la población activa en paro; con cerca de 
400.000 ejecuciones hipotecarias desde el inicio de la crisis; con un 
acusado incremento de la desigualdad social; con la disminución de la 
renta media por hogar de 26.101 euros en 2007 a 24.609 euros en 2011; 
con una economía que sigue en recesión; etcétera), la Ministra de 
Empleo sorprende a propios y extraños al afirmar que “estamos 
saliendo de la crisis” y al apuntar a la (supuesta) existencia de “señales 
esperanzadoras” (como, a juicio de la Ministra, es el aumento del 
“autoempleo”).
Consciente, sin embargo, de la falta de adecuación de estas 
declaraciones con el actual clima social en el que reina el pesimismo 
económico (casi 9 de cada 10 ciudadanos creen, según el último barómetro 
del CIS, que la situación económica es mala o muy mala), Fátima Báñez, no 
se olvidó de puntualizar que no se trata de un “optimismo vacío”, sino del 
“relato de la realidad”.
Las palabras de Báñez han generado una avalancha de comentarios en 
los medios de comunicación; en los que no pocos se lamentan de que el 
PP no parezca aprender de los errores cometidos por el gobierno de 
Zapatero, que terminó pagando muy caro el recurso a los “brotes verdes” 
al “optimismo antropológico”. Más aún, cuando, en su etapa en la 
oposición, los populares criticaron hasta la extenuación al gobierno 
socialista por mostrarse optimista. Pero, entonces, ¿cómo podemos 
entender las declaraciones de la Ministra de Empleo? En principio, 
hay tres explicaciones plausibles:
La primera estaría relacionada con un grave error de la política 
comunicacióndel gobierno de Rajoy o, al menos, con una metedura de 
pata de una de sus Ministras. Después de diez meses en el gobierno, ya 
sabemos que la comunicación no es uno de los puntos fuertes del 
ejecutivo de Rajoy que se parece más a una orquesta sin director, en la 
que los músicos van por libre, que a un gabinete cuya comunicación 
responde a un plan estratégico bien diseñado y ejecutado. En este caso, 
como titular de la cartera más “ingrata” (empleo) en estos momentos, a 
Báñez le podría haber cegado el deseo de dar buenas noticias.
La segunda explicación estaría relacionada con la comunicación 
que corresponde a las políticas de austeridad extrema. De hecho, el 
discurso del gobierno de Rajoy en el ámbito económico es muy parecido 
al que utilizó el gobierno de Zapatero desde su conversión al austericismo, 
el 12 mayo de 2010 hasta el final de su mandato. Un discurso tecnocrático 
que gira en torno a las ideas de la “responsabilidad”; “no hay otra alternativa”; 
“hacemos lo que tenemos que hacer, aunque sea doloroso y no nos guste” y 
“saldremos fortalecidos”.
Es probable que en el “manual de comunicación del auteriscismo”, 
junto al recurso de los eufemismos (donde sea recorte o pérdida de 
derechos sociales, diga racionalización, modernización o eficiencia), una 
de las reglas de oro sea anunciar un inminente futuro prometedor 
para ganar tiempo (haciendo que el sufrimiento social infringido con las 
políticas de austeridad extrema sea más llevadero), aunque sin 
excederse (no sea que haya que aplicar más recortes y los ciudadanos no 
vean el sentido, porque piensen que las cosas no están tan mal). El 
problema, no obstante, es que esa regla no puede aplicarse sin tener en 
cuenta el contexto.
Después de más de cuatro años de intensa crisis y con un considerable 
aumento de la dosis de austeridad en el último año, la credibilidad en (el 
anuncio de) un “futuro prometedor” es cada vez menor. Algo que, por otra 
parte, apuntaría a una acusada miopía del PP (o, más en concreto, de 
Fátima Báñez), al no calibrar hasta qué punto resulta ahora 
contraproducente (por “hiriente”) el optimismo infundado (cuando, además, 
éste tampoco sirve para transmitir confianza a los mercados).
Y, finalmente, la tercera explicación, nos llevaría a la conclusión de 
que la Ministra de Empleo dice la verdad cuando habla de “señales 
esperanzadoras”Y es que, ¿es esto una crisis? Si lo fuese -y, pese, 
a la complejidad de enfrentarse a una crisis de origen financiero- ya 
hace tiempo que en Europa estaríamos en fase de recuperación 
(con unas políticas que estimularan el crecimiento económico y plantearan 
la reducción del déficit público en plazos de tiempo más “razonables”).
¿Acaso no es este período, que estamos viviendo, una etapa de 
transición hacia un nuevo modelo social y político en Europa? 
Tras la II Guerra Mundial se construyó el Estado de bienestar y 
ahora asistimos a su “liquidación” como culminación del proceso de 
desregulación financiera que comenzó en los años 80. Se trata de 
adecuar la arquitectura política (con la consolidación de instituciones 
supranacionales poco representativas) y social (con el aumento de la 
brecha entre ricos y pobres como efecto colateral) a la arquitectura de 
una economía financiera desregulada y (cada vez más) globalizada. 
Un engranaje que redundaría en unas nuevas relaciones entre el 
Estado y la sociedad; y que podría llevar a la “paradoja” de encontrarnos 
con sociedades cada vez más pobres y precarias, dentro de países 
cada vez más ricos.
Desde esa óptica, estamos saliendo de la crisis (en España), porque 
esto no es una crisis. Desde esa óptica, las “señales son 
esperanzadoras” porque la aplicación del paquete de reformas 
liberalizadoras y de rectores sociales va viento en popa. 
Y desde esa óptica, de esta recesión saldremos -más, exactamente, 
algunos saldrán- fortalecidos.
Una vez conseguido el objetivo, ya pensarán los gobernantes (a nivel 
europeo nacional) qué hacer con la legión de damnificados (parados 
y trabajadores precarios) y perdedores (clases medias y bajas) que 
generará este modelo. Cuando lo hayan conseguido, ya se 
preocuparán de las disfuncionalidades (como la desigualdad social) 
que pueden conducir a la aparición de “sociedades fallidas” 
(en los países europeos, como España, en los que más tensiones 
políticas y sociales puede generar ese nuevo modelo). Pero, 
hasta entonces, seguiremos hablando de la crisis.

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