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viernes, 5 de noviembre de 2010

Migraciones, Asilo y Refugio

Éste es, posiblemente, uno de los trabajos menos reconocidos de la acción solidaria internacional. Las migraciones forzosas suponen uno de los mayores problemas de la humanidad, y todo apunta a que aumentará considerablemente a lo largo del S. XXI. Hay movimientos migratorios como los derivados de problemas medioambientales, situaciones de pobreza o problemas de seguridad que son considerados en muchos casos como voluntarios. Sin embargo y al menos en la práctica, estarían incluidos dentro de las migraciones forzosas. En la mayoría de estos casos no hay otra elección que la de marchar a otro lugar.

Las razones por la que se producen estos movimientos migratorios forzados son muy diversas: hambrunas, epidemias, sequías, catástrofes naturales o conflictos armados. Asimismo, y especialmente en los países en Vías de Desarrollo, también se dan otras circunstancias que provocan este fenómeno: la construcción de grandes presas, extracción de petróleo o cualquier otro recurso, recalificación o compra de terrenos al estado por parte de grandes empresas o terratenientes, etc. Las Comunidades Indígenas y otros grupos de población vulnerable suelen ser siempre los más afectados.

El resultado de este fenómeno migratorio son dramáticas situaciones que afectan a miles de millones de personas en todo el mundo, desamparadas y viviendo en condiciones infrahumanas. Esto se traduce asimismo en la violación sistemática de sus DDHH ya que se encuentran en total desprotección (son pocos los estados o instituciones que se hacen cargo de su situación). Además, numerosas mafias y grupos armados se aprovechan y abusan de la condición de “ilegalidad” y marginalidad de estos grupos de población, empeorando aún más su situación.

Gran parte de la población que se ve obligada a abandonar su lugar de residencia, son según la Convención de Ginebra, personas “refugiadas”. Esto se debe a ser perseguidos en su país por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas. Sin embargo, dicha Convención no recoge una definición del término “persecución”, lo cual implica la existencia de diferentes interpretaciones del término “refugiado”. Tampoco contempla la creación de un órgano internacional de control que garantice una interpretación uniforme de su articulado por todos los Estados Partes.

El asilo, establecido como un mecanismo de protección para refugiados u otras personas necesitadas de protección internacional, es en la actualidad algo que se reservan los estados a su criterio, en perjuicio de personas “refugiadas”. En muchos casos estas personas cuentan con todos los requisitos y pruebas de su persecución, siendo denegada su petición por parte del estado receptor. De esta manera, se da paso a trágicas situaciones en las que el refugiado ni puede volver a su país ni puede quedarse en el país que debería acogerle.

Mención especial merece la figura del refugiado medioambiental (cada vez más numeroso por las consecuencias del Cambio Climático como sequías, desertización o reducción de recursos pesqueros, agrícolas o ganaderos) y la del desplazado interno, que aunque no llegue a cruzar la frontera, también se encuentra en una similar situación de vulnerabilidad y por razones idénticas.

Ante este problema que se agudiza de manera creciente, son varias las organizaciones que trabajan para atender a este extenso número de personas que se ven obligadas a emigrar (unas de manera forzada y otras de manera voluntaria pero bajo unas condiciones de total desprotección). Sin embargo, dichas organizaciones se ven desbordadas ante cualquier repentino aumento de la población emigrante o refugiada.

Gran trabajo el que realizan estas organizaciones que atienden de distinta manera a personas emigrantes y refugiadas. Desde cultura de Solidaridad destacamos especialmente el Servicio Jesuita de Ayuda al Refugiado y la Fundación CEAR.

La clave de la gestión de la inmigración no está en armar y blindar las fronteras, lo que hasta ahora ha resultado inútil. Sino en ayudar realmente al desarrollo intensivo de las personas... Saskia Sassen.

Escuela del Mundo al Derecho

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